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Un camino emprendido que no tiene retorno en Txingudi

Aunque políticamente la comarca del Bajo Bidasoa esté conformada por los municipios de Irun y Hondarribia, geográficamente el barrio de Behobie (Urrugne), Biriatou y sobre todo Hendaia forman parte de ella. Físicamente está muy bien delimitada: al norte por el mar, al sur por el macizo de Peñas de Aia, al este por las estribaciones calcáreas de los montes de Biriatou y el flysch de Abadie, y al oeste por las areniscas del Monte Jaizkibel con sus estribaciones, concretamente el Alto de Gaintxurizketa.

No sólo es una comarca bien delimitada. Es también una comarca pequeña en la que sus habitantes comparten el mismo medio físico con el que necesariamente existe un complejo entramado de relaciones dirigido a cubrir las necesidades presentes y futuras de dicha población; relaciones por las que este espacio, sometido a unas condiciones climáticas específicas, está expuesto a transformaciones por la acción de la actividad interna.

En este escenario nada es estático, todo se mueve en forma de flujos de energía y materia, muchos de los cuales proceden del exterior, o se generan en nuestra comarca y al no ser capaces de absorberlos, se exportan, generándose una relación dependiente del exterior más o menos apremiante, que permite alcanzar el equilibrio que la comarca necesita para sobrevivir.

La labor de Servicios de Txingudi, dentro de sus competencias en la gestión del agua, los residuos urbanos y la limpieza viaria, se enmarca dentro de este ecosistema, principalmente urbano, que es su unidad de trabajo. Su función es precisamente contribuir a que el equilibrio en este ecosistema sea lo más sostenible posible, de manera que esta comarca sea capaz por un lado, de gestionar sus propios recursos para satisfacer las necesidades actuales sin hipotecar las futuras, y por otro, de ser lo menos dependiente posible del exterior, objetivo por el que en los últimos años se han elaborado proyectos aunque no todos hayan podido llevarse a cabo.

En la contribución de Servicios de Txingudi a ese equilibrio sistémico se encuentra la Educación Ambiental, recurso que emplea para fomentar la sensibilización ambiental, la capacidad crítica y la participación de la población en la resolución de problemas ambientales, de manera que la población pueda valorar con criterio la gestión de la demanda de recursos y necesidades, y la gestión económica.

¿En qué se concreta esta línea de trabajo por la sostenibilidad?

Por poner un ejemplo gráfico, podríamos remontarnos a las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, en las que el espectacular crecimiento urbanístico en la comarca del bajo Bidasoa no fue acompañado de una adecuada dotación de infraestructuras y servicios relacionados con el agua, los residuos y la limpieza viaria. Dicho de otro modo, no se produjo un desarrollo urbano sostenible, sino un crecimiento urbano insostenible que llevó a la comarca a sufrir importantes carencias en el suministro de agua potable, a desatender el saneamiento de las aguas residuales reflejándose sobre todo en la insalubridad de las regatas urbanas, a no disponer de un lugar adecuado para absorber los residuos urbanos que se generaban, a tener tasas de reciclaje simbólicas, y a un servicio de limpieza insuficiente.

Ese escenario heredado no sólo conllevó una gran demanda de recursos y necesidades en la década de los 80, sino que condujo a una situación insostenible que había que atajar a base de planificación y recursos económicos. Desde entonces hasta nuestros días los bidasoarras han sido capaces de corregir esa dinámica insostenible superando las carencias heredadas, y modernizarse haciendo justamente lo contrario que se hizo antaño, pensar en las generaciones futuras mitigando al máximo el impacto ambiental que eso pudiera generar y proporcionar a la generación actual de un alto grado de bienestar en lo que al agua, los residuos, la limpieza viaria, y como consecuencia, la generación de energías eficientes y renovables se refiere.

El agua es la base

Parece lógico que ante una situación como la de los años 80 hacer frente a las carencias que tuvieran que ver con el agua fuera lo prioritario. Y así fue. Primero, se construyeron entre 1989 y 1995 las obras de las captaciones de agua de Jaizkibel, el embalse de Endara y la conducción de Endara al sistema de abastecimiento de la Comarca, para poder regular fuentes naturales de agua y poder abastecer Irun y Hondarribia con unos mínimos parámetros de garantía de suministro de agua.

Estas infraestructuras, junto a la Estación de Tratamiento de Aguas Potables (ETAP) de Elordi (1996) que garantizan la calidad físico-química y bacteriológica del agua para el consumo humano, y la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Atalerreka (2004) vertebraron de forma definitiva el ciclo integral del agua en Irun y Hondarribia. Fueron actuaciones en el cinturón rural y de montaña absolutamente necesarias, y que aunque en su momento impactaron en el medio ambiente de la comarca, hoy en día sus efectos se van absorbiendo y corrigiendo, de manera que la población del Bajo Bidasoa goza hoy en día de un sistema de captación, abastecimiento y saneamiento sostenible en un entorno privilegiado.

Así, sólo en la memoria de los bidasoarras con más de 30-35 años permanecen las importantes restricciones de agua que sufría la población en períodos de sequía, principalmente en verano; o las frecuentes inundaciones que se producían en las zonas más bajas de Irun y algunas regatas de Hondarribia.

Por otro lado, cabe destacar la excelente calidad del agua potable de la que disfruta el Bajo Bidasoa desde que en 1996 Elordi empezó a funcionar y las importantes ventajas en salud pública y bienestar que el sistema de saneamiento ha supuesto para los vecinos desde que en 2004 Atalerreka se convirtió en realidad. Esto permitió la recuperación o mejora de espacios degradados o afectados en la periferia urbana, pero también en el seno de la propia ciudad, para convertirlos en espacios de ocio y esparcimiento, como las orillas de las regatas urbanas, la ría del Bidasoa, la línea de costa y las playas de la comarca. Se podría decir que de forma notoria Irun y Hondarribia viven ahora más mirando a la ría y al mar.

Es cierto que en el abastecimiento quedan por zanjar definitivamente algunos aspectos como la garantía de suministro de agua potable a un espacio cada vez más poblado y ante posibles sequías pertinaces, el abastecimiento urbano de agua potable a zonas rurales, y el incremento del rendimiento de las redes urbanas tanto de abastecimiento como de saneamiento, mediante sustituciones, reparaciones o renovaciones parciales de las redes. Y también lo es que en el saneamiento quedan pendientes algunos puntos concretos y la prevención de inundaciones de algunas regatas. Pero afrontar estos retos una vez encauzados los esquemas generales de abastecimiento y saneamiento, permite trabajar con perspectiva, aspecto que está redundando en mejoras ambientales para la comarca y sus habitantes, especialmente contribuyendo en que el ecosistema que conforma la comarca sea capaz de absorber las aguas residuales y convertirlas en recursos energéticos y en agua depurada que hacen que la comarca del Txingudi sea más sostenible y saludable.

A este proceso ha ido ligada la generación de energía renovable y eficiente, por ejemplo con las minicentrales hidroeléctricas de Domiko, Elordi e Irugurutzeta; con la generación de energía eléctrica a partir del biogás obtenido en la depuración de las aguas en Atalerreka, o en las instalaciones de placas solares térmicas o fotovoltaicas en los depósitos de agua; con la instalación de la sala de cogeneración energética... Claro que ésta es una labor difícilmente apreciable por la población, pero eficaz en la contribución con el protocolo Kyoto y con la calidad atmosférica de nuestra comarca, y por lo tanto, con una clara repercusión en la calidad de vida de los bidasoarras.

Los residuos urbanos vinieron después

En la gestión de los residuos urbanos destacan dos aspectos sobre los demás: la recogida y el tratamiento. En ambos la década de los 90 fueron clave en la comarca del Bajo Bidasoa. Así, en 1993 se clausuró el vertedero del Barrio de Ventas, en 1997 Aguas del Txingudi se convierte en Servicios de Txingudi al traspasársele las competencias en la gestión de los residuos urbanos y en 1999 todos los viejos contenedores de recogida de residuos se sustituyen por unos nuevos de colores, al incorporarse a la recogida selectiva de vidrio y papel existentes, el contenedor amarillo para la recogida de envases de plástico, envases tipo brick y envases metálicos, iniciativa que se lleva a cabo aumentando considerablemente los ratios de estas isletas ecológicas por número de habitantes.

En toda esta revolución, que se produjo en muy poco tiempo, Irun y Hondarribia pasaron a ser dos poblaciones dependientes de la Mancomunidad de San Marcos en lo que a la eliminación de los residuos urbanos recogidos en el contenedor verde se refiere, aspecto que se intentó corregir para cumplir los principios de gestión integrada, autosuficiencia y, sobre todo, el de proximidad, por el que los residuos deben gestionarse en el lugar más cercano al de su generación, pero que no fructificó con la Planta Incineradora de Residuos Urbanos con recuperación energética de Zaldunborda, dejando a la comarca de nuevo de cara al futuro en una situación parecida de dependencia cuando se construya una Planta similar con biosecado en Usurbil.

En la recogida de los residuos urbanos es donde se produce el mayor avance en la gestión de los residuos, siempre en colaboración con la ciudadanía del Bidasoa, incentivada con nuevos servicios (en zonas industriales, en comercios, el garbigune...) y con campañas de sensibilización destinadas a la ciudadanía y al entorno escolar, que se celebran anualmente. Todas estas actuaciones han contribuido a que en tan solo una década se haya pasado de tasas de reciclaje prácticamente simbólicas a la tasa del 32,92% del 2008. Además, en el año 2010 se incorporará a la recogida selectiva el quinto contenedor, en el que se recogerá la materia orgánica para la fabricación de compost, con lo que aproximadamente el 30% de los residuos domiciliarios generados podrán depositarse en ese nuevo contenedor.

Una vez asentados todos estos servicios de recogida dirigidos a los domicilios, zonas industriales y comercios, con el propósito de ir cumpliendo los objetivos marcados en el Plan Integral de Residuos Urbanos del Área de Txingudi (2002-2016), y haber abierto el Garbigune de Araso como avance del que se construirá en Hondarribia, donde se pueden depositar una amplia gama de fracciones de los residuos urbanos para su recuperación, reciclaje y destino a gestores autorizados, Servicios de Txingudi, en colaboración con el Departamento de Desarrollo Sostenible, está haciendo un esfuerzo importante en la sensibilización de la población a favor de la prevención en la generación de residuos con iniciativas como el fomento del compostaje doméstico (ha repartido 550 compostadores entre otras tantas familias del Bajo Bidasoa para que fabriquen compost en sus domicilios partiendo de sus propios residuos), la edición de una guía práctica de prevención de residuos, el fomento del uso de bolsas de tela reutilizables en sustitución de las de plástico, la organización de mercados de productos de segunda mano, la organización de una campaña escolar en torno a la prevención de residuos...

Si por sostenibilidad se entiende principalmente gestionar los recursos para satisfacer las necesidades actuales sin hipotecar las futuras, no cabe duda de que los bidasoarras contribuyen a este fin atendiendo a las campañas de prevención y recogiendo selectivamente los residuos para su reciclaje. Entre todos colaboran en que Irun y Hondarribia sean, no sólo más sostenibles, sino más solidarios y respetuosos con el medio ambiente. Pero no es suficiente. Nuestra sociedad debe participar más activamente porque la participación social es determinante en la gestión de los residuos, ya que con su presencia valida todos los esfuerzos económicos, servicios y medios técnicos que hay detrás. En el mismo sentido se puede hablar de la limpieza viaria, un servicio que si bien sufrió una fuerte modernización en 1999, continúa en evolución con la incorporación de nuevos medios técnicos y servicios que la hacen más presente en la calle.

Uno de los retos principales de cara al futuro es conseguir una mayor participación social en la prevención y en la recogida selectiva. Para ello la Educación Ambiental será importante e incidir en el civismo de los bidasoarras, ya que las repercusiones medioambientales en la gestión de los residuos urbanos no son tan tangibles como lo son las derivadas de la gestión del agua, pero no por ello menos importantes.

 

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